Recientemente, el mundo ha conmemorado el 75.º aniversario del desembarco de las tropas aliadas en Normandía. El número de personas que participaron en este desembarco es abrumador. Los autores y los medios de comunicación se centran en ese mismo día y en las acciones heroicas de muchísimos soldados, pero de lo que no se suele hablar son los sistemas de la cadena de suministro que sentaron las bases para su éxito.

Aunque el objetivo fundamental y los principios de la defensa no han cambiado, el propio sector ha evolucionado a lo largo de las décadas, ya que los conflictos exigen estrategias y tácticas diferentes. Y estos cambios requieren que las tecnologías utilizadas para alcanzar los objetivos fundamentales también evolucionen.

En realidad, existen varias similitudes entre los factores que impulsan la excelencia en el ámbito de la defensa y los que impulsan la excelencia en la fabricación industrial y el sector energético. La clave de todas ellas radica en las formas en que se puede utilizar la tecnología.

Preparación del personal y del equipamiento

La preparación del personal y del equipamiento es el eje central de la misión de nuestras fuerzas expedicionarias modernas. No es ningún secreto que nuestras fuerzas armadas son hoy más reducidas de lo que se requería en conflictos pasados; menos del 0,5 % de la población presta servicio en activo en el Ejército de los Estados Unidos. En el sector manufacturero estadounidense, se prevé que 2,4 millones de puestos de trabajo queden sin cubrir en los próximos 10 años debido a la falta de personal cualificado, lo que significa que quienes sí tienen empleo deben asumir una mayor carga de trabajo. En consecuencia, tanto las organizaciones militares como las industriales deben dar prioridad a la eficiencia y al intercambio de conocimientos para alcanzar el éxito.

La eficiencia del personal y del equipamiento es fundamental para la seguridad futura, y no es una idea nueva; todos los líderes militares se esfuerzan por conseguirla o, al menos, lo defienden de boquilla. Mientras que el sector privado se mueve por el beneficio y puede adoptar con rapidez procesos y tecnologías que se consideran que mejoran la eficiencia, el ciclo de adquisición militar es un proceso lento y arduo en el que, a menudo, solo triunfan los que están bien afianzados.

A medida que las fuerzas se vuelven más expedicionarias, el ejército debe acortar el ciclo de aprendizaje de los soldados. Aquí es donde la tecnología puede ayudar. ¿Cómo conseguimos que alguien con menos de cuatro años de experiencia en el puesto realice tareas como si tuviera 10 años de experiencia? ¿Cómo podemos transmitir los conocimientos que tienen nuestros líderes técnicos más veteranos a los soldados más jóvenes antes de que se jubilen? ¿Y cómo podemos hacer que una fuerza más reducida sea más capaz que una grande?

Mejorar el mantenimiento de los equipos gracias a la tecnología

Las tecnologías que se utilizan hoy en día en el campo de batalla y en lugares remotos como Jalalabad, en Afganistán, resultarían irreconocibles para los soldados que lucharon en las playas de Normandía. Sin embargo, el principio fundamental de la preparación para la misión sigue siendo válido, y eso exige un programa de mantenimiento preventivo riguroso y estricto.

Tomemos, por ejemplo, los sistemas de radar que se utilizan para evitar conflictos en el espacio aéreo y para la defensa antiaérea. Se trata de tecnologías extremadamente sofisticadas y de algunas de las armas más avanzadas del mundo.

Imagina una situación en la que el equipo pueda autodiagnosticarse y asignar las tareas de mantenimiento al soldado. El soldado que lleva a cabo el trabajo puede colaborar con el fabricante en tiempo real y resolver los problemas.

No se trata de una idea descabellada ni propia del futuro. Ya está ocurriendo en estos momentos en el sector privado, donde las empresas industriales aprovechan las tecnologías de los trabajadores conectados y del Internet de las cosas (IoT) para optimizar los procedimientos de mantenimiento, reducir las fricciones entre los equipos de mantenimiento y las máquinas, y adelantarse a posibles problemas. Imagina aplicar estas mismas tecnologías para crear el tejido conectivo digital entre los soldados y el equipamiento.

Desde el equipamiento hasta la preparación operativa

En estos momentos existe un importante punto ciego a la hora de medir la preparación operativa. Actualmente, la preparación operativa se supervisa a partir de órdenes escritas a mano y documentos de mantenimiento, que se introducen lentamente en diapositivas de PowerPoint abarrotadas, en un pobre intento de crear un cuadro de mando para el comandante (si tenemos suerte). Los equipos de mantenimiento se desplazan al terreno y a los despliegues con sus impresoras obsoletas para poder imprimir las listas de comprobación de mantenimiento y distribuirlas para que se rellenen manualmente.

Así era el ejército de antaño. En cambio, imagina poder transformar esas hojas de papel escritas a mano y esos materiales improvisados en procedimientos digitales dinámicos y paneles de control a los que se pueda acceder desde dispositivos móviles y que se actualicen en tiempo real, desde cualquier lugar. Muchas de las empresas industriales más grandes del mundo están haciendo precisamente esto para mejorar la calidad y obtener una ventaja competitiva.

El ejército conectado del mañana

Con este nuevo enfoque centrado en lo digital, los resultados de los datos recopilados podrían dar lugar a cambios transformadores: tanto los soldados como los oficiales de alto rango obtienen una nueva perspectiva sobre los procedimientos que se llevan a cabo con mayor frecuencia, en qué entorno y en qué condiciones. Se pueden extraer conclusiones basadas en los datos y ponerlas en práctica, lo que se traduce en mejoras significativas en la preparación operativa.

Es hora de pensar en el ejército del mañana. Teniendo en cuenta la cantidad que hemos invertido en tecnología sofisticada, es un pequeño precio a pagar por la seguridad de nuestro país.