¡Ya están aquí las fiestas! Los salones se adornan con ramas de acebo, se meten perdices en los perales (¿qué, eso no se hace?) y, por supuesto, suenan las campanillas mientras la gente da paseos en trineo por paisajes invernales de ensueño. Hay una gran afluencia a las tiendas, tanto físicas como digitales, para comprar los regalos de las listas de deseos de nuestros seres queridos o de los compañeros de trabajo del «Amigo Invisible».
Tenemos la suerte de vivir en una época y un lugar en los que, como consumidores, nuestras necesidades se satisfacen y, a menudo, se superan gracias a un sector de productores que trabajan sin descanso las 24 horas del día, los 7 días de la semana, para satisfacer nuestras demandas. Apenas puedo imaginar cómo debe de ser eso para el productor más productivo de todos: Papá Noel.


Imagina al propio gran jefe intentando estar a la altura de las exigencias cada vez mayores de su creciente gama de consumidores y de sus preferencias cada vez más amplias en cuanto a productos. Sin duda, las prácticas del Sr. Kringle se han visto guiadas por los beneficios cada vez mayores de la Industria 4.0. De hecho, el taller de Papá Noel ya no se parece en nada a sus humildes comienzos; ahora va camino de convertirse en un taller inteligente totalmente funcional que utiliza sistemas ciberfísicos. Pero, al igual que la mayoría de las fábricas de bienes de consumo y de fabricación, aún le queda camino por recorrer.
Aunque Papá Noel ha apostado por tecnologías innovadoras para transformar su fábrica —lo que ha contribuido a aumentar la producción y reducir los costes—, no ha optimizado del todo el funcionamiento general del taller. Y eso no se debe a que no lo haya intentado. La idea que sin duda le ronda por la cabeza mientras se enfrenta a la mayor explosión de referencias de la historia y pone a prueba su alegre carácter es: «¿Qué se me ha pasado por alto, jo, jo, jo?». Los cambios de línea en el taller de Papá Noel deben ser precisos o, de lo contrario, los niños de 1 a 92 años podrían perderse una parte importante de la Navidad actual. El estrés que esto supone bastaría por sí solo para justificar una transformación en Krampus, un atraco del Grinch o, me atrevo a decir, trozos de carbón en cada calcetín.
Probablemente, Papá Noel esté desconcertado. Las iniciativas habituales de digitalización, que pasan por alto el activo más importante de una fábrica —las personas (o los duendes)—, tienen un límite en cuanto a la mejora que pueden aportar. Las personas determinan la capacidad de producción de una fábrica. Uno de los principales puntos débiles de los procesos de producción a los que se enfrentan las fábricas de bienes de consumo envasados (CPG) y de fabricación es el cambio de línea. Las máquinas se detienen y permanecen paradas hasta que se completa el trabajo realizado por las personas, es decir, la tarea física de cambiar la línea. Y sin la solución adecuada, existe un enorme punto ciego en cualquier iniciativa de mejora continua que se ponga en marcha, ya que no tiene en cuenta el proceso en su totalidad.
Ahí es donde Parsable destaca de verdad. Conectamos a los trabajadores: con los sistemas, con las máquinas y entre ellos. Y gracias a ello, se eliminan los cuellos de botella, se resuelven los problemas y se obtienen nuevos conocimientos. Esto reduce el tiempo de inactividad (echa un vistazo a estas interesantes estadísticas sobre el tiempo de inactividad), aumenta la colaboración interfuncional y mejora la supervisión operativa, aspectos todos ellos imprescindibles para aumentar la producción o reducir los costes.
Así que, en estas fiestas, haz un regalo a tu empresa, a tu organización, a tu equipo y a tu personal que siga dando frutos, y convierte a tu plantilla en una plantilla conectada. Incluso hablaremos contigo personalmente para mostrarte cómo una solución móvil de colaboración y gestión de flujos de trabajo puede influir en tu negocio.
¡Feliz Navidad y felices fiestas de parte de Parsable!
Ah, y Papá Noel, cariño, se me olvidó mencionar una cosita… Lo único que quiero para Navidad es que me preguntes: «Parsable, ahora que tus trabajadores están tan conectados, ¿no podrías “digitalizar” mi taller esta noche?»











